Lo que Ted Lasso nos enseñó sobre cargar solos con la ansiedad
Catalina Bernal
Psicóloga Organizacional & CEO Soy Proceso

Si viste Ted Lasso, probablemente recuerdas esa escena. Ted está en medio de una reunión del equipo, sonriendo como siempre, diciendo las palabras correctas — y de repente algo se rompe por dentro. Se escabulle al vestuario. Se sienta en el suelo. No puede respirar bien. Sus manos tiemblan. Y Ted Lasso, el hombre más optimista de la pantalla, el que nunca pierde la sonrisa, tiene un ataque de pánico en solitario mientras afuera nadie se entera de nada.
Lo que hace después es lo que más importa: lo ignora. Regresa al campo como si nada. Sigue siendo el entrenador que todo el mundo necesita. Carga el peso solo, en silencio, con su mejor cara puesta.
¿Te suena familiar?
La cara que ponemos en el trabajo
En el entorno laboral aprendemos desde muy jóvenes que hay emociones que se muestran y emociones que se guardan. El entusiasmo, la confianza, la seguridad — esas sí. La ansiedad, el miedo, la sensación de que no alcanzas — esas van para adentro.
Y así construimos una versión de nosotros mismos para el trabajo: funcional, disponible, que no se queja. Una versión que responde correos a las 10 de la noche sin decir que está agotada. Que entra a reuniones con el nudo en el estómago bien escondido. Que dice "todo bien" cuando le preguntan cómo está.
Como Ted Lasso al inicio: la sonrisa intacta, el dolor invisible.
Esa sensación que no siempre sabe explicarse
La ansiedad no siempre llega con nombre propio. A veces aparece disfrazada de algo que parece normal: el trabajar sin parar porque detenerse genera más angustia que seguir, la dificultad para concentrarse en una sola cosa, la irritabilidad ante situaciones pequeñas, el insomnio que llega cargado de pendientes y posibles escenarios de lo que puede salir mal mañana.
A veces el cuerpo avisa antes que la mente. Tensión en el cuello y los hombros. Palpitaciones antes de una reunión importante. Dolor de cabeza al final de cada jornada. El estómago que responde a los correos antes de que la cabeza los lea.
Y también se parece a esto: a posponer una conversación difícil por miedo a cómo puede terminar. A revisar el celular por décima vez sin saber bien qué estás buscando. A sentir que nunca es suficiente lo que haces, aunque te hayas esforzado mucho.
"La ansiedad no es una señal de que eres débil. Es una señal de que tu sistema nervioso está tratando de protegerte — pero lo está haciendo en momentos en que no necesitas protección." — Catalina Bernal, Psicóloga Organizacional · Soy Proceso
Lo que Ted aprendió — y lo que nos costó tanto entender
En la segunda temporada de Ted Lasso llega al club una psicóloga, la doctora Sharon Fieldstone. Y Ted, que ha pasado meses cargando sus ataques de pánico en silencio, la evita. No porque no sepa que la necesita — sino porque aceptarlo significa admitir que algo no está bien. Y eso, para alguien cuyo trabajo es mantener a todos de pie, se siente imposible.
Hasta que ya no puede más.
Cuando finalmente se sienta frente a ella y habla — de verdad, sin la sonrisa puesta — algo cambia. No de un día para otro. Pero empieza a cambiar. La carga que cargaba solo deja de ser tan pesada. El equipo que lo veía como invencible empieza a verlo como humano. Y eso, lejos de debilitarlo, lo hace más cercano, más confiable, más real.
La serie fue tan poderosa en ese mensaje que su elenco fue invitado a la Casa Blanca para hablar sobre salud mental. "La salud mental es uno de esos temas tabú por los que todos pasamos y a nadie le gusta hablar", dijo uno de sus actores. "Lo importante es pedir ayuda. De eso se debe hablar más".
En Colombia, el 26,8% de los trabajadores que sufren ansiedad ha tenido que ausentarse del trabajo por esta causa — y la mayoría nunca recibió un diagnóstico ni tratamiento adecuado. Seguimos cargando solos lo que no tendríamos que cargar solos. — Estudio Seguros Sura, 2025
Por qué en el trabajo es más difícil mostrarse vulnerable
En el entorno laboral colombiano hay una presión particular por parecer siempre bien. La incertidumbre constante — cambios organizacionales, metas que se mueven, la sensación de que el empleo no está garantizado — hace que mostrar una grieta se sienta peligroso. Como si admitir que algo te cuesta pudiera usarse en tu contra.
A eso se suma la cultura de disponibilidad permanente: responder mensajes en la noche, en el fin de semana, en vacaciones. El cerebro nunca recibe la señal de que el peligro pasó. Vive en modo alerta constante. Y en ese estado, la ansiedad no es la excepción — es la consecuencia lógica.
Ted Lasso también lo vivió así. Entrenador en un ambiente de alta presión, rodeado de personas que dependían de él, en un país extraño, con una vida personal hecha pedazos. Y aun así, sonreía. Hasta que aprendió que la sonrisa no era la solución — era la postergación del problema.
¿Y si hoy fuera tu momento de sentarte y hablar?
No hace falta tener un ataque de pánico en el vestuario para merecer atención. No hace falta llegar al límite para dar el primer paso. Basta con reconocer que lo que estás viviendo te pesa más de lo que debería.
En Soy Proceso acompañamos a trabajadores que sienten que algo no está bien — aunque no siempre sepan exactamente qué es ni cómo explicarlo. No tienes que llegar con el diagnóstico puesto. Solo tienes que llegar.
¿Y si hablamos?
A veces una conversación con alguien que sabe escuchar es todo lo que necesitas para empezar a sentirte diferente. Sin juicios, sin fórmulas. Solo un espacio tuyo.
Quiero agendar una consulta →Porque la ansiedad que no se atiende no desaparece sola. Se adapta. Aprende a vivir contigo. Y con el tiempo, empieza a ocupar cada vez más espacio.
Mereces vivir el trabajo — y la vida — sin ese peso constante.